La presente carta no pretende otra cosa que reiteraros las más sinceras y cordiales felicitaciones de Navidad como ya hicimos en el último Boletín que, hace poco, os enviamos, a la vez que transmitiros un mensaje lleno de ilusión y esperanza.
Una prudente y necesaria reflexión sobre el verdadero sentido de estas fiestas tan entrañables nos debe llevar a una conclusión que, no por sabida, suele caer en el olvido y es, sencillamente, que en estas fiestas conmemoramos un acontecimiento que cambió el rumbo de la Historia, no ya de la propia humanidad, sino la de nuestros corazones: Jesús Dios, hijo de María, nuestro Redentor, nació humildemente en un pesebre y vino para quedarse siempre con nosotros.
Desde ese sencillo pesebre Jesús enaltece a los humildes y allí se encuentra la respuesta que todos anhelamos a nuestras preguntas. Allí está todo el sentido de nuestra vida, porque allí María acurrucó amorosamente a Cristo Clemente y Misericordioso entre sus brazos, como luego lo abrazó cuando lo descendieron de la Cruz. El mismo amor, la misma ternura de la Virgen palpita en ambos casos, porque Ella sabía que en sus manos descansaba Quien era la Luz del mundo y nuestra Resurrección. Son las mismas manos amorosas en las que nos gustaría ser llevados a la presencia de nuestro Padre Celestial.
En estos tiempos que corren, en los que parece que existe cierto pudor por manifestar que somos cristianos, debemos proclamar que Cristo vino a nosotros y que los suyos “sí lo recibieron”, porque nuestro corazón rebosa de alegría de sabernos hijos suyos y que Él, como Padre, nos redime y perdona nuestras debilidades y faltas.
Tampoco olvidemos en estos momentos de crisis profunda que puede abatir nuestros espíritus, que hay hermanos que pasan por serias dificultades y que necesitan nuestro apoyo y ayuda para salir adelante. Seamos generosos y hagamos una seria reflexión de que son muy pocas las cosas que son imprescindibles para vivir; que en los momentos de abatimiento, cojamos el yugo de Jesús de Nazaret y aprendamos de Él, como lo hizo la Virgen, porque su yugo es llevadero y su carga es ligera.
Que estas fechas sean para todos un canto a la esperanza de nuestras vidas, porque ese es el lenguaje de Amor y de Paz que nuestra Madre y Señora nos transmite desde su Camarín.
Que Cristo os bendiga y que esa bendición se haga extensiva a todas vuestras familias y seres queridos, con la esperanza, renovada cada día, de que todos, absolutamente todos, permanezcamos unidos bajo el manto amoroso y protector de la Santísima Virgen.
El hermano mayor y la junta de gobierno.